‘Caperucita roja’: muchas hormonas y poco lobo

‘Caperucita roja’: muchas hormonas y poco lobo

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‘Caperucita roja’ es el tercer episodio de la serie de Antena 3 ‘Cuéntame un cuento’. La pequeña que no debía de salirse del camino para no sufrir los peligros el bosque nos llegaba en forma de adolescente con ganas de conocer ciudad y chicos y aunque convencía en su interpretación parecía desde luego más insensata de lo necesario.

‘Caperucita roja‘ nos llevaba a nuestros días a la historia de una chica que decide irse a vivir a la ciudad con su madre después de llevar toda una vida viviendo con su padre en el pueblo. Una vez aquí la cándida niña tiene ganas de experimentar todo lo que no podía en su pequeño hogar. Sin embargo, su nuevo barrio está lleno de peligros: un túnel que cruza la ciudad para ir a ver a su abuela es el sitio de dos terribles asesinatos. Allí una chica de su colegio ha sido apuñalada en plena noche y después su atrevida prima. La cuestión es que es mejor no fiarse de extraños ni salir hacer locuras nocturnas. Pero Claudia, nuestra protagonista, no duda en buscar quien la de consuelo y diversión a pesar de que todos parecen tener muchas papeletas para ser el asesino y a su vez tener un oscuro interés en ella.

Una noche es uno, otra es otro, y la pobre Claudia no para de besar y luego arrepentirse antes las sospechas sobre cada uno, desoyendo todo el tiempo las advertencias de su madre y huyendo sin decir con quien ni a donde. Vamos que no para de poner la mano en el fuego para ver si encuentra o un depredador sexual o un asesino en serie, hasta que, al final, se quema. Eso sí, no os vamos a decir quien se la come, aunque uno se hace la idea antes de que se desvele.

El problema de este episodio es que no se articula demasiado bien el suspense ni la relación entre los personajes que parece un poco forzada y, por otro lado, el estilo visual, como pasaba en ‘Blancanieves’, es más televisivo y menos trabajado que en ‘Los tres cerditos’. La heroína queda algo deslucida por su mero interés en su despertar sexual y piensa menos de lo que debería, lo que resta encanto a su candidez. En su favor hay que admitir que Laia Costa  se mete muy bien en la piel de este tipo de adolescente y resulta muy creíble y convincente, aunque el rol no caiga demasiado bien. Aunque el cuento original si que hablaba de los peligros que asedian a toda niña que se convierte en mujer, ya que de todos es sabido que la caperuza roja es un símbolo de la menstruación que da lugar a este crecimiento o madurez, por desgracia está evolución es meramente física y parece que la niña se ve abocada a sufrir por sus instintos y no a controlarlos o ir evolucionando con la peripecia, es decir, que si llega la pubertad pero no se aprende nada, que es la verdadera intención de la fabula que aquí se ofrece al inversa; es decir, que nos muestra lo que pasa al no aprender la lección.

En definitiva, aunque esta vez los actores son más sólidos y las metáforas están bien traídas el guión se queda en un nivel básico y en un cuento más pueril de lo que cabía imaginar.

 

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